“Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros. Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo…” (Fil. 3:17-18). La vida del Señor Jesús es un verdadero modelo y ejemplo de bien para nosotros. En él podemos encontrar un comportamiento de obediencia en todos los detalles. Y nosotros, como seguidores de Cristo, tenemos el compromiso y la responsabilidad de imitar su vida, para ser un testimonio a las generaciones venideras.
El apóstol Pablo lo comprendió muy bien y lo transmitió a la iglesia de Filipos, hablándoles con tanta libertad, al escribirles que se debe de imitar a los que están trasladando el buen ejemplo de vida y conducta. En este estudio queremos trasladar el sentimiento que ha permanecido siempre de nuestro compromiso hacia los demás, ya que el buen ejemplo es un modelo a seguir.
También en las Sagradas Escrituras encontramos ejemplos de personas malas, que servirán únicamente para tomar lecciones. Lo mismo sucede el día de hoy, hay quienes dan mal ejemplo. Por ello, dice la palabra: “Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto. Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron” (1 Co. 10:5-6). He allí la importancia, mi querido hermano, de tu buen ejemplo.
El apóstol Pablo está haciendo referencia de lo que le sucedió al pueblo de Israel cuando les faltó el agua, cuando les faltó la comida, cuando les faltó la sombra; cosas puramente materiales. Y empezaron a dirigir su mirada hacia donde no debieron. Quedó plasmado en las Sagradas Escrituras para que tomemos lección, ya que este hecho real causó tanto daño dentro del pueblo.
En la actualidad, el mal testimonio que alguien tiene, se vuelve tan dañino para el crecimiento de otros. El apóstol Judas nos habla sobre esto, cuando hace referencia acerca de tomar lección con lo que sucedió en el cielo y también ha sucedido en la tierra. Pero para ser más específico, el peligro es que puede suceder dentro de la congregación.
Leamos: “Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo obscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día; como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquellos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo eterno. No obstante, de la misma manera también estos soñadores mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las potestades superiores” (Jud. 1:6-8).
El apóstol Judas específica aquí, cómo es que el mal ejemplo tiene efectos tan dañinos, que llevan a otros a la perdición. En otra parte también se hace mención, diciendo: “Porque como está escrito, el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros” (Ro. 2:24). Tenemos un gran compromiso delante de Dios y su pueblo.
Efectos positivos del buen ejemplo
“Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas” (He. 6:11-12). El buen ejemplo impulsa a ser más diligentes en cuanto a todo lo que pertenece al Espíritu. Han trascurrido más de tres mil años y el ejemplo de David sigue siendo digno de imitar: su amor a Dios, su fe, su valentía, su devoción a la palabra de Dios.
También tenemos a Abraham y la forma en que dejó Ur de los caldeos, su fe, su comunión con Dios, su obediencia y su paciencia. Por todo esto fue llamado amigo de Dios. Además, Moisés y la forma en que dejó a Egipto, que hoy tipifica para nosotros el mundo. También Ester y la forma en que defendió a su pueblo. Abigail y la forma en que evitó el filo de espada sobre su casa. Y muchos ejemplos más, que estimulan nuestra fe y nuestro amor a Dios.
Cuando leemos las Sagradas Escrituras, debemos comprender que lo que quedará como algo inolvidable de nuestra existencia, es el buen ejemplo que dejamos. El apóstol Juan, escribe sobre un hermano tan fiel dentro de la congregación llamado Gayo, leamos: “Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos, los cuales han dado ante la iglesia testimonio de tu amor; y harás bien en encaminarlos como es digno de su servicio a Dios, para que continúen su viaje” (3 Jn. 1:5-6).
El apóstol Pablo motivó a Timoteo a dar un buen ejemplo, siendo que él era un joven. Leamos: “Esto manda y enseña. Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Ti. 4:11-12). Sin lugar a dudas, un creyente fiel y verdadero se esforzará por dejar un buen legado. Ya que nuestra existencia sobre la tierra es tan corta. Los recuerdos que dejará, serán siempre del amor que tuvimos a Dios, de nuestra fe, de nuestro espíritu y del servicio.
En nuestra congregación también motivamos a todos los hermanos en los diferentes estratos: sociales, culturales y de diferentes edades, a dar un buen ejemplo. Cuidemos nuestro testimonio. Que Dios les bendiga. Amén.
