“Poniendo nuestra mirada en las cosas de arriba”

10 julio, 2026

“Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (Col. 3:2-3). Con estas palabras el apóstol Pablo nos exhorta a enfocar nuestra vista hacia lo eterno; transmitiendo, además, ánimo y consuelo para la vida de todo aquel que ha recibido el llamado del Señor.

Veamos un ejemplo material que nos ilustra este pasaje: cuando una persona aprende a conducir un vehículo, una de las primeras cosas que debe hacer, es llevar su vista al frente, a lo que se tiene adelante. Imaginemos que el conductor fuera contemplando los paisajes, viendo hacia otro lado, o quizás, viendo un dispositivo, como su teléfono. Pues fácilmente podría salirse del camino o tener un percance con consecuencias quizás fatales. Es necesario mantenerse atento a lo que está adelante.

Nosotros estamos viviendo tiempos complicados, en los que el afán cotidiano nos nubla la visión de lo eterno y nos empuja a ver hacia “abajo”. Considerando como lo prioritario de la vida, el hacer y el llenarse de cosas materiales, que al final terminan agobiando el alma; en lugar de llenar un vacío que todo hombre tiene en su corazón. Se convierte entonces en nuestra lucha, buscar las cosas espirituales. Nos dice Pablo nuevamente: “…no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Co. 4:18).

Esto es nadar contra la corriente, es ir en contra de lo que este mundo nos empuja a hacer. Pues en esta vida, según el hombre, la meta es hacer y hacer más, mostrar el éxito a los demás; poniendo como modelos, hombres que amasan grandes fortunas. Y lo más seguro, es que no les alcanzará su vida para poder gastarlas. Contrario a esto, dice la palabra de Dios: “Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lc. 12:15).

Jesús, más bien, nos insta a buscar los tesoros celestiales, leamos: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mt. 6:19-21).

Esto para el hombre natural o “normal” resulta ser una locura. Pues su vista le obliga a ver únicamente lo que tiene frente a su nariz, cosas que sus manos puedan tocar, estados financieros que puedan darle una supuesta tranquilidad. Basando su esperanza y su futuro en lo que ha podido alcanzar. Jesús refirió una parábola acerca de un hombre que veía mucha prosperidad material, pero que no buscaba lo que no se ve, leamos: “…y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios” (Lc. 12:19-21).

Alguno podría pensar entonces, que Jesús nos está diciendo que no hagamos nada material. Esto no es así. Hay muchas añadiduras que Dios nos da y él sabe de qué cosas tenemos necesidad. Lo que dice Jesús, es que inteligentemente nos hagamos tesoros en los cielos y dejemos de pensar sólo en lo material. Pablo lo dice de esta manera: “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos” (1 Ti. 6:17).

Busquemos lo que no se ve

En estos tiempos de tanta ceguera espiritual, Dios nos manda a buscar la riqueza espiritual, leamos: “Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas (Ap. 3:18).

Todo creyente debe ser probado. Por lo que necesitamos fe para sostenernos en las pruebas, que tienen como propósito la purificación de nuestra alma y que se desprendan de nosotros todas las impurezas que adquirimos en el mundo. Las vestiduras blancas significan el perdón de nuestros pecados por medio del sacrificio de Cristo, algo que ningún ser humano podría pagar jamás; y la vida en santidad a la que hemos sido llamados. El colirio para ver, es como lo que pide el salmista: “Abre mis ojos, y miraré Las maravillas de tu ley” (Sal. 119:18). 

Amado hermano y amigo, existen tantas riquezas espirituales en Dios, como lo dice su palabra: “Riquezas, honra y vida Son la remuneración de la humildad y del temor de Jehová” (Pr. 22:4). Por eso merece la pena que tú y yo las busquemos como lo primordial en nuestra vida. Dios nos dice: “Si como a la plata la buscares, Y la escudriñares como a tesoros, Entonces entenderás el temor de Jehová, Y hallarás el conocimiento de Dios” (Pr. 2:4-5).

Iglesia, la humanidad se pierde. ¿Y tú, a dónde vas? ¿Y tú, qué haces hoy? Que Dios ilumine nuestro entendimiento para poner nuestra mirada en lo eterno. Amén.