La vida del ser humano sobre la tierra, está llena de diferentes acontecimientos dentro de su existencia. Desde los más pequeños, sencillos y cotidianos; las celebraciones al alcanzar grandes logros, metas, eventos memorables, y otros; hasta esas experiencias cuando nos toca enfrentar momentos de dolor, pérdida, frustración, fracaso y decepción. Cada uno de ellos son parte del ciclo de la vida que Dios ha permitido.
Lo interesante es que, queramos o no, estos momentos llegan a la vida del hombre. Ante ello, la inquietud será: cómo voy a reaccionar y qué actitud voy a tomar. La palabra del Señor, como una fuente de sabiduría inagotable, nos enseña y también nos prepara, para que podamos tomar la perspectiva y la actitud correcta. Vayamos a las Escrituras y veamos este principio tan importante que nos dice: “Sean agradecidos en toda circunstancia, pues esta es la voluntad de Dios para con ustedes, los que pertenecen a Cristo Jesús” (1 Ts. 5:18 NTV).
Al tener una nueva vida en Cristo, entendemos que todas las situaciones tienen una procedencia divina. Y la palabra nos lleva a ser agradecidos en todas las cosas. ¿Buenas y malas? Sí, en todas las cosas. Porque lo que pensamos que es “malo”, Dios lo convierte en una oportunidad para mostrarnos algo nuevo, que nos ayuda en nuestro crecimiento espiritual.
La palabra nos menciona a Job como un ejemplo de aflicción y de paciencia, mostrando gratitud ante su circunstancia, leamos: “Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, y dijo: (…) Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito” (Job 1:20-21). En el contexto, sabemos que Job acababa de perder todos sus bienes, posesiones materiales y a todos sus hijos.
Encontramos también a David, el hombre conforme al corazón de Dios, quien llegó a comprender la importancia de agradecer siempre. Leamos: “Bendeciré a Jehová en todo tiempo; Su alabanza estará de continuo en mi boca. En Jehová se gloriará mi alma; Lo oirán los mansos, y se alegrarán” (Sal. 34:1-2). David tuvo días muy difíciles, experiencias de dolor y también grandes victorias en batallas. Pero él sabía que en todo momento era necesario alabar a Dios. El Salmo 103 nos recuerda la experiencia de bendecir a Dios con gratitud por todos sus beneficios.
Para poder llegar delante de la presencia del Señor, necesitamos entrar por las puertas del agradecimiento. Leamos: “Servid a Jehová con alegría; Venid ante su presencia con regocijo (…) Entrad por sus puertas con acción de gracias, Por sus atrios con alabanza; Alabadle, bendecid su nombre. Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, Y su verdad por todas las generaciones” (Sal. 100:2, 4-5). Esta debería ser la experiencia de un corazón renovado y transformado por el poder de Cristo Jesús.
Amado hermano: ¿Cuántos de nosotros hemos estado al borde de la muerte en una enfermedad? O quizás fuiste desahuciado por la ciencia de este mundo, y no había esperanza. ¿Has sufrido algún accidente en dónde Dios te guardó y preservó tu vida? Dios ha sido bueno al ordenar nuestra vida, nuestra familia, nuestras finanzas, nuestros sentimientos y nos ha mostrado un camino mejor. Nos ha provisto en la necesidad y nos ha guardado en los peligros. Nos ha dado una segunda oportunidad, para que ahora podamos vivir para él y sirvamos en su reino.
Y ante todo lo expuesto anteriormente, me pregunto: ¿Cuál ha sido nuestra actitud ante el Señor? Tristemente debemos reconocer que, muchas veces, hemos tenido actitudes de indolencia. Podemos olvidar fácilmente todo aquello que hemos recibido de Dios. Nuestra vida sigue igual o vuelve a los mismos errores que nos llevaron al fracaso. Es tiempo de despertar y llenar nuestro corazón de agradecimiento ante el Señor.
Dios ya nos dio a su Hijo Jesucristo y juntamente con él todas las cosas. Nos ha prometido ayudarnos todos los días al estar con nosotros, para que aprendamos a obedecer y a depender de él. Y, además, sus promesas nos recuerdan que el Señor completará su obra en nosotros. Lo menos que podemos hacer es tener una profunda gratitud, que se evidencie en nuestros pensamientos y acciones para bendecir y glorificar a Dios. Leamos: “El que sacrifica alabanza me honrará; Y al que ordenare su camino, Le mostraré la salvación de Dios” (Sal. 50:23).
Al entrar por las puertas del agradecimiento, se nos abre una visión diferente de las cosas, porque podemos ver la bondad de Dios y cómo ha sido fiel con nosotros. Leamos la recomendación del apóstol Pablo: “Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones (…) y sed agradecidos (…) Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Col. 3:15 y 17). Parece sencillo, pero muchas veces dejamos de ver que todo lo que somos y lo que tenemos, se lo debemos a Dios.
Queda en nuestro corazón esta reflexión: “¿Qué pagaré a Jehová Por todos sus beneficios para conmigo?” (Sal. 116:12). Interesante pregunta. Dios nos ayuda por amor; y por medio de la gratitud podemos evidenciar nuestra fe, al rendir nuestra vida, nuestros recursos y nuestro tiempo, en favor de aquel que tiene cuidado de nosotros y también sirviendo al prójimo. Recordemos que de los diez leprosos que fueron sanados, sólo uno regresó con gratitud; y como un beneficio adicional, recibió la salvación por medio de su fe.
En medio de un mundo de maldad que exige y pide sin entendimiento, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia. Que Dios les bendiga. Amén.
