“Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lc. 18:8). Uno de los tesoros más grandes que Cristo Jesús le da al hombre es «LA FE». Pequeña palabra de apenas dos letras, pero potencialmente contiene el poder más grande que jamás el hombre pueda imaginar. Dios valoró de una manera muy significativa la fe de aquel patriarca llamado ABRAHAM, a quien el apóstol Pablo lo llama, inspirado por el Espíritu Santo, “el Padre de la FE” (léase Romanos 4:1-11).
Es de suma importancia comprender que la fe, es el instrumento que me conecta espiritualmente con nuestro Creador, Dios el Padre. Es fundamental en nuestra relación con Dios. Es más, podría asegurar que el incalculable valor del sacrificio de Cristo en la cruz queda sin efecto salvífico, si el hombre no tiene fe en él. Dice la palabra de Dios: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (He. 11:6).
En la cultura actual, la fe ha perdido muchísimo valor. En esta civilización o generación, como le llama el Señor Jesús, dentro de sus valores preciados no aparece la fe. No entienden ni comprenden, aunque lo hayan escuchado en conversaciones o prédicas, que la fe es indispensable para alcanzar las promesas de Dios, hechas por medio del Señor Jesús. La afirmación que hace el Señor Jesús al final del Evangelio de Marcos es contundente, leamos: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Mr. 16:16). ¿Te das cuenta de la tremenda advertencia que hace el Señor Jesús, en este pasaje?
Con fe hay esperanza de salvación; sin fe, hay una firme sentencia de condenación eterna en el infierno. ¿No crees que es vital, trascendental, importantísimo y determinante, que le pongamos todo el interés posible de considerar el estado de salud de nuestra fe? La palabra de Dios lo dice así: “Examínense ustedes mismos, para ver si están firmes en la fe; pónganse a prueba. ¿No se dan cuenta de que Jesucristo está en ustedes? ¡A menos que hayan fracasado en la prueba!” (2 Co. 13:5 DHH).
Debido al importantísimo valor de tener este don de Dios en nosotros, el apóstol, apremiado por el Espíritu de Dios, nos invita a que nos hagamos una inspección o evaluación de nuestra fe, si es que la tenemos. Hagamos una comparación: si alguien comienza a experimentar ciertos síntomas que le generan malestar o trastornos en su salud, y decide hacerse exámenes con algún profesional y una revisión física o pruebas clínicas, para evaluar su estado de salud, ese examen va a generar un diagnóstico, que dará las pautas a seguir para corregir el mal.
Digo esto como ejemplo, para comprender más fácilmente lo que significa: “examinaos”. En el caso espiritual es similar. Este pasaje nos invita a que hagamos un análisis introspectivo, es decir: «mirar hacia dentro de nuestro propio ser, reflexionar o analizar profundamente sobre nuestros propios pensamientos, emociones y acciones; y establecer si las mismas están en línea con la voluntad de Dios y su evangelio». Para tal labor, usaremos la palabra de Dios, la Biblia, como parámetro para evaluar tus pensamientos, emociones y acciones.
El profesional que te ayudará en tal análisis introspectivo será el Espíritu Santo de Dios. Y sin lugar a dudas, habrá un diagnóstico, que establece tu condición de salud, el cual será enfermo o sano, leamos: “Y cuando él venga (el Espíritu Santo), convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Jn. 16:8). Mi amado hermano, es de suma importancia la fe, la cual se constituye en uno de los principales objetivos de Satanás, para destruir el efecto de la salvación, por el sacrificio de Jesucristo.
Déjame hacerte algunas preguntas, para que te ayuden a conocerte a ti mismo y analizar tu condición actual delante de Dios, quien es el juez que juzgará a los vivos y a los muertos. ¿Qué estás haciendo para conservarte en la FE? ¿Es tu fe viva o es un cuerpo sin espíritu? ¿Estás exhibiendo tu fe al mundo, y cómo lo estás haciendo? ¿El mundo te está venciendo o tú estás venciendo al mundo por medio de tu fe? ¿Si el Señor Jesucristo viniera hoy, hallaría fe en tu persona? Hay muchas preguntas más que te podría escribir, para identificar tu estado de salud espiritual, pero dejemos hasta allí.
Ahora bien, si de ella depende el cumplimiento de las promesas de Dios para con nosotros, ruégale a nuestro Señor que AVIVE tu fe, que no muera, pues de lo contrario, mueres con ella. Un día, el Señor Jesús amonestó a sus discípulos, diciéndoles que nunca fueran piedras de tropiezo. Y también les dijo que era imposible evitar que estos vengan, pero les advirtió: “…mas ¡ay de aquel por quien vienen!” (léase Lucas 17:1-5). Ante esta afirmación, los apóstoles le dijeron al Señor Jesús “¡Auméntanos la fe!”. Era un grito de necesidad. Era la expresión de almas que habían entendido el enorme riesgo que se corre, si no tenemos fe o nos falta fe.
¿No crees que nosotros también necesitamos dar ese mismo grito, pidiendo ayuda al Señor? Mi querido lector, la fe se está extinguiendo. ¿Cómo está la tuya? ¡No pierdas la fe, avívala!
Que el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, que es el mismo Señor Jesucristo, responda a nuestro clamor y haga el milagro de aumentar nuestra fe. Que Dios te bendiga. Amén.
