Desde la época antiguo testamentaria, en tiempos de Israel hasta nuestros días, la demanda de Dios para su pueblo ha sido la misma, en circunstancias diferentes. El llamado de Dios en esencia es el mismo y es: “Obediencia absoluta a sus mandamientos, pero de corazón”. Dios les envió patriarcas, tales como Abraham, Jacob, Moisés y Josué; profetas como Samuel, David, Natán, Elías, Isaías, Jeremías, etc. Y en la dispensación de la iglesia de Jesucristo, Dios envió a su Hijo Jesús, a sus apóstoles, ancianos, pastores, maestros, etc.
Leamos: “…a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema (engaño realizado con astucia y destreza para conseguir un fin) de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas (truco o acción hábil y disimulada para engañar) del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo…” (Ef. 4: 12-15).
El proyecto Divino es la formación, de manera integral y unificada, del «varón perfecto, a la medida de Cristo, en obediencia a la verdad». Lamentablemente este proyecto no tuvo los alcances que Dios hubiese querido, Israel falló. En la dispensación de la ley de Moisés, Satanás tomó muchas formas para tratar de persuadir al pueblo para que no se sujetara a los mandamientos de Dios. Una de ellas fue la experiencia vivida bajo la esclavitud en el imperio egipcio, personalizada en Faraón (año 1442 A.C.).
Moises le pedía a Faraón que dejara ir al pueblo de Israel a adorar a Jehová al desierto, como Dios se lo había mandado. Ya habían caído varias plagas sobre los egipcios, Faraón se ablandaba momentáneamente, pero luego volvía a endurecer su corazón. Y en este pasaje de Éxodo, quiero evidenciar las tres propuestas satánicas, astutas y artificiosas, que Faraón propuso a Moisés para persuadirlo de no obedecer a Dios. No le funcionaron con Moisés, pero sí le están funcionando con la iglesia profesante moderna.
Primera propuesta: ADORA A DIOS, PERO SIN SALIR DEL MUNDO. Leamos: “Entonces Faraón llamó a Moisés y a Aarón, y les dijo: Andad, ofreced sacrificio a vuestro Dios en la tierra (de Egipto)” (Éx. 8:25). ¿Qué fue lo que les propuso Faraón? La propuesta, en buen chapín, dice: “Miren, sean buenos cristianos, si así lo desean, pero no fanáticos. No necesitan salir de Egipto o el mundo. Háganlo, adoren a su Dios, pero no es necesario dejar las costumbre placenteras y deliciosas del mundo, eso es fanatismo. No hay que ser radical. No odien al mundo. No se alejen de él”.
Moises no se dejó persuadir, se sostuvo firme en su deseo de obedecer a Dios. Pero la iglesia actual, como que no ha visto la sutileza de Satanás, pues pretenden amar a Dios y amar al mundo simultáneamente. Dijo el Señor Jesús: “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mt. 6:24).
Segunda propuesta: ADORA A DIOS, PERO NO TE ALEJES MUCHO.
Leamos: “Dijo Faraón: Yo os dejaré ir para que ofrezcáis sacrificios a Jehová vuestro Dios en el desierto, con tal que no vayáis más lejos; orad por mí” (Éx. 8:28). ¿A qué se refiere esto? Es casi lo mismo que la primera. Sólo que, con una pequeña y sutil variante. Parafraseando diría: “Está bien, adoren a Dios, vayan a la iglesia, lleven a sus hijos, tengan privilegios, dejen algunas cosas del mundo, pero no todas; hay algunas que no son tan malas, no hay que caer en radicalismo ignorante, etc.”
Esta propuesta es más sutil, porque nos obliga a disfrazarnos de hipocresías y apariencias, a practicar un ocultismo espiritual. Aprendemos a mentir y ocultar nuestra verdadera realidad. Y lo más insensato de este mal, es llegar al extremo de creer que estamos bien, aunque la palabra de Dios diga lo contrario.
Tercera propuesta: ADORA A DIOS, PERO SÓLO TÚ. Leamos: “Y Moisés y Aarón volvieron a ser llamados ante Faraón, el cual les dijo: Andad, servid a Jehová vuestro Dios. ¿Quiénes son los que han de ir? Moisés respondió: Hemos de ir con nuestros niños y con nuestros viejos, con nuestros hijos y con nuestras hijas (…) porque es nuestra fiesta solemne para Jehová. Y él les dijo: (…) ¿Cómo os voy a dejar ir a vosotros y a vuestros niños? (…) No será así; id ahora vosotros los varones, y servid a Jehová, pues esto es lo que vosotros pedisteis…” (Éx. 10:8-11).
Parafraseando diría: “Vayan a servir a Jehová al desierto los adultos, pero no se lleven a sus familias. Ustedes me están provocando a ira”. Moisés no accedió a la propuesta de Faraón y se mantuvo fiel a Dios. Pero la iglesia moderna, sí descuida este aspecto importantísimo en la ministración de la familia. Puede haber padres muy consagrados a Dios, pero los hijos no reflejan ese mismo espíritu.
La propuesta de Satanás es muy astuta, porque eso impide la continuidad de la fe heredada de padres a hijos, lo cual es parte fundamental del plan de Dios para los hombres, leamos: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes” (Dt. 6:6-7).
Mi amado lector: ¿Cuál de estas propuestas se adapta a tu vida? Lucha ardientemente por la fe que nos ha sido dada. Que Dios te dé sabiduría y fortaleza espiritual. Amén.
