“Para Dios lo mejor”

21 agosto, 2026

“Acercándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que estos” (Mr. 12:28-31).

La forma en que el Señor Jesucristo enseñó cuál es el primer mandamiento, fue integrada perfectamente con el mismo sentimiento que fue dado en el monte Sinaí. Ante la triste realidad del hombre, al desorientarse del sentimiento original que Dios transmitió cientos de años atrás en Éxodo 20, ahora el Señor Jesucristo recalcaba en amar a Dios en estas cuatro áreas: corazón, alma, mente y fuerzas, todo esto es la esencia del ser humano. Para que pueda ser dedicado al Señor y de esta manera entregar lo mejor a Dios.

En el Antiguo Testamento encontramos hombres de Dios, como Samuel, los cuales plasmaron este sentimiento: “Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros” (1S. 15:22).

El rey David, después de haber pasado bajo la corrección de Dios, al enmendar su error se expresa así: “Y el rey dijo a Arauna: No, sino por precio te lo compraré; porque no ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos que no me cuesten nada. Entonces David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos de plata” (2 S. 24:24).

Otro ejemplo es el de Abel, leamos: “Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y su ofrenda…” (Gn 4:4). Sin lugar a dudas que a los que Dios está preservando para su reino, son los que han logrado entender que para Dios debemos de dar lo mejor.

También encontramos en el Nuevo Testamento el caso de María, leamos: “Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume. Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar: ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres?” (Jn.12:3-5). Imaginemos cuánto sería el costo de trescientos días de trabajo. Y aquella mujer lo entregó, porque también entendió que a Dios se le debe de dar lo mejor.

Aplicación en nuestro tiempo actual. 

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Ro. 12:1). El apóstol Pablo les enseñaba a los cristianos de Roma, a entregarlo todo. Porque el ambiente en medio del imperio romano, en ese tiempo, era: trabajar, comer y amontonar riquezas; y de esa manera ya no les quedaba tiempo para dedicarse a Dios. De allí, surge ese dicho: “comamos y bebamos, porque mañana moriremos”.

El espíritu materialista que se movía en aquella época, es el mismo que vemos hoy, en donde “los creyentes” le dan a Dios el tiempo que les sobra. De allí, surgen vidas ambivalentes y creyentes inmundos. Ante la falta de oír un mensaje de compromiso, se da esta forma de vivir un evangelio mezclado con el mundo.

Un día, Jesús estaba viendo las ofrendas que traía el pueblo y: “Levantando los ojos, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de las ofrendas. Vio también a una viuda muy pobre, que echaba allí dos blancas. Y dijo: En verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos. Porque todos aquellos echaron para las ofrendas de Dios lo que les sobra; mas esta, de su pobreza echó todo el sustento que tenía” (Lc. 21:1-4). El Señor Jesucristo resaltó que no debemos de darle a Dios lo que nos sobra, porque él lo merece todo.

El cumplimiento de la profecía.

Es impresionante analizar el final de la dispensación del pueblo de Israel, en el Antiguo Testamento. Ellos terminaron en fracaso, al no darle honra al Todopoderoso, al perder el temor a su Señor y al menospreciar el nombre de Dios. Pues ofrecían en el altar pan inmundo y traían para el sacrificio animales ciegos, cojos y enfermos. Todo esto lo podemos encontrar en Malaquías 1:6-8.

Ahora estamos en el epílogo de la dispensación de la iglesia gentil, en donde se está manifestando ese mismo espíritu. Por eso exhortamos a todos los creyentes a mantener el mismo fervor, la misma entrega, el mismo celo y la misma reverencia que merece Dios. Ya que el Señor ha de llevarse a la eternidad, a aquellos creyentes que fueron recíprocos para con él, al entender que Dios lo dio todo por nosotros.

Amados hermanos, ahora nosotros también debemos de dar lo mejor a Dios, no lo que sobra de nuestro tiempo, de nuestras fuerzas, de nuestras ofrendas, sino las primicias, así como él lo estableció desde el inicio.

Que Dios nos ayude a mantenernos firmes y en ese amor inalterable. Que Dios les bendiga. Amén.