“Dios de propósitos”

22 mayo, 2026

Vivimos en un mundo en donde todo acontecimiento: grupal, familiar o personal, es adjudicado a la buena o mala suerte, a la casualidad, o al enorgullecimiento del hombre que confía en sus capacidades o inteligencia. Es por eso que vemos el auge que ha tomado la ciencia humana; sin darnos cuenta en el daño que todo esto está causando.

Desde la creación podemos ver a un Dios que todo lo hizo «funcional y con propósito», nada estuvo de más ni faltó lo que era necesario. Leamos: “Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin” (Ec. 3:11). Todos hemos nacido en este mundo con un propósito Divino.

Lamentablemente, el pecado nos separa de Dios y no nos deja ver ese plan maravilloso que él tiene para nuestras vidas. Vivimos en el mundo deambulando, cual barco a la deriva, sin verdaderas razones para vivir. Y en esa condición, por la misericordia de Dios sucede el milagro: “Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles… (Gá. 1:15-16). Esta fue la experiencia del apóstol Pablo, de quien el Señor dijo: “…instrumento escogido me es este…” (Hch. 9:15).

Cuando Dios en su misericordia se revela a nuestras vidas, empezamos a entender que todo lo que hemos vivido, estamos viviendo y podamos vivir, está y estará bajo el cuidado y propósito de ese Dios invisible, pero real. Cuidando de cada detalle y acontecimiento. Con la única finalidad de salvarnos de esta mala y perversa generación, para llevarnos por un camino rodeado de pruebas y aflicciones, necesarias para nuestra formación. Y con ellas, prepararnos para toda una eternidad con él.

Eso mismo le tocó vivir a Israel, leamos: “Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios (…) para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos” (Dt. 8:2). Dice también: “Jehová prueba al justo; Pero al malo y al que ama la violencia, su alma los aborrece” (Sal. 11:5). ¡Gloria a Dios! Es necesario para un hijo de Dios, entender que, en el Señor, todo lo que nos acontece tiene un propósito y no caer en el error de rechazar ese trabajo divino, muy necesario en nuestra purificación.

Vayamos a la experiencia de Job: “Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno” (Job 1:20-22). Vemos en este ejemplo, valores que pueden ayudarnos a reflexionar. Primero: la humillación de Job ante Dios. Segundo: la conciencia de saber que todo lo mueve Dios; él da y él quita; y eso le llevó a bendecir a Dios. Y, tercero: en el entendimiento de lo anterior, no atribuyó a Dios despropósito alguno.

David también vivió un sin fin de experiencias en donde comprendió que detrás de todo lo que le acontecía, estaba Dios. Por ejemplo: léase 2 Samuel 16:5-13. Es por ello que él escribió con mucha convicción: “Jehová cumplirá su propósito en mí; Tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; No desampares la obra de tus manos” (Sal. 138:8).

Qué admirable es ver a un Dios de propósitos, quien ahora revela su plan maravilloso de salvación para el hombre, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Él comprendió a cabalidad ese propósito divino, el cual se llevó a cabo hasta consumarse en la cruz del Calvario, aunque siempre hubo intenciones malignas externas, adversas a ese plan maravilloso.

Dice la palabra de Dios: “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Pero él volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” (Mt. 16:21-23).

Esto nos muestra como ejemplo que, al igual, para cada uno de los que hemos creído en Cristo, habrá obstáculos, a fin de que el propósito de Dios no se cumpla. Pero es allí en donde debemos de pedirle a Dios entendimiento.

Amado hermano, sé que muchos de nuestra congregación hemos estado pasando pruebas difíciles, momentos de aflicción, aun cercanos a la muerte. Pero nunca debemos de olvidar que Dios tiene propósitos en todo esto y son de bien (léase Jeremías 29:11). Creamos en lo infalible: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Ro. 8:28).

Oh Jehová, oh cumple, tus propósitos en mí. Que Dios les bendiga. Amén y Amén.