Si hay un hombre, descrito en la Biblia, que demostró de muchas maneras su vínculo inquebrantable hacia Dios, fue el Rey David; quien le dice al Señor: “Con todo mi corazón te he buscado; No me dejes desviarme de tus mandamientos. En mi corazón he guardado tus dichos, Para no pecar contra ti” (Sal. 119:10-11). Satanás, en su afán por cazar la preciada alma del hombre, inventa infinitas formas de distraer la atención del corazón del hombre hacia Dios.
Esto se dio desde los mismos orígenes de la creación del hombre. Y lamentablemente lo logró y esto produjo la caída fatal de la raza humana en el pecado. Pero venido nuestro Señor Jesucristo al mundo, logró lo que parecía imposible, mediante su muerte en la cruz, pagar el precio del rescate de todas las almas de los hombres. Y alcanzar de esta forma, el perdón del pecado de todo aquel que en él creyera.
Pero Satanás, el enemigo acérrimo de nuestras almas, no se quedó de brazos cruzados. Se ha esforzado en crear y perfeccionar sus estrategias malignas y distractoras, para impedir que el hombre alcance y conserve su intimidad con su Creador. Pues él sabe perfectamente que esto le permite al pecador alcanzar la libertad y la salvación de su preciosa alma. Leamos: “El hombre que se aparta del camino de la sabiduría Vendrá a parar en la compañía de los muertos” (espiritual y físicamente) (Pr. 21:16).
Estas, mi querido lector, son verdades que, no obstante, el hombre las crea o no las acepte, se cumplirán. Son indefectiblemente mandamientos de Dios, los cuales no se discuten, sino que se deben de creer y aceptar. Y los efectos que producen son automáticos, buenos o malos, según nuestro actuar. En la palabra de Dios encontramos la siguiente advertencia Divina: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gá. 6:7).
No necesito ser un experto y erudito agricultor, para saber que la semilla que yo siembre, producirá el árbol con sus frutos, iguales a la semilla sembrada. Para hacer más ilustrativo el ejemplo, digo: si siembro una semilla de aguacate, nacerá un aguacatal que me dará aguacates. De igual forma, si siembro la semilla de un melón, pues lo que nazca será un melonar que me dará melones. Y así, sucesivamente.
Aunque suene extraño, es tan grande y poderosa la capacidad engañadora del diablo, que le hace creer al hombre que en la vida real él puede sembrar, mediante acciones pecaminosas (semilla del mal), obras malas y pretende cosechar cosas buenas. ¿Será posible esto? Espiritualmente NO; definitivamente NO. Es por eso que el Espíritu Santo, mediante el apóstol Pablo advierte: “NO OS ENGAÑÉIS; DIOS NO PUEDE SER BURLADO”. El diablo te podrá engañar a ti, pero tú no puedes engañar a Dios y jamás podrás burlar a Dios.
En fin, el punto principal en este estudio es: «Que nada te desvíe de Dios», de tu sincera fidelidad a él. Pues esto representa el inminente peligro de tu caída en el pecado. La proximidad con Dios es posible por medio de la santificación de tu vida. Por lo tanto, tiene muchísimo sentido el ruego del salmista David: “NO ME DEJES DESVIARME DE TUS MANDAMIENTOS”.
Mi amado hermano, estamos en tiempos muy peligrosos. Hay un enemigo que es experto en distraerte, haciéndote perder tiempo en cosas que, en lugar de acercarte a Dios, te alejan de manera muy sutil, excitante y placentera. Una de las más poderosas es las redes sociales, las cuales son capaces de robar tu vida (tiempo). Sí, esos momentos de inactividad aparente, en los cuales el enemigo te pone distractores poderosos y en lugar de utilizar ese tiempo para la gloria de Dios y para tu crecimiento espiritual, lo desperdicias en una inducción voluntaria para que Satanás te destruya y te domine, creando verdaderas prisiones.
Y no sólo a ti, sino también a los que te rodean. Echando a perder tiempo que podrías utilizar para edificar a los de tu casa y tu propia vida espiritual, leamos: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, APROVECHANDO BIEN EL TIEMPO, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos (sin entendimiento de Dios o necios), sino entendidos (obedientes) de cuál sea la voluntad del Señor” (Ef. 5:15-17). Y también dice: “Andad sabiamente para con los de afuera, REDIMIENDO EL TIEMPO” (Col. 4:5).
En otras palabras, “RESCATA” tu tiempo de las garras del diablo, invirtiéndolo para la eternidad celestial. Prioricemos en nuestra vida la voluntad de Dios. Recuerda que el tiempo perdido jamás se volverá a tener. Un día, Dios le dice al pueblo de Israel, recién liberado de la esclavitud de Faraón en Egipto: “…CUÍDATE DE NO OLVIDARTE DE JEHOVÁ, que te sacó de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre” (Dt. 6:12). Te invito a que hagamos nuestras estas palabras de Dios para su pueblo, la iglesia del Dios viviente.
Gálatas 6:8 nos dice: “que el que siembra para los deleites de su carne, segará muerte y podredumbre eterna; pero el que siembra para el Espíritu de Dios, del Espíritu de Dios cosechará la vida eterna” (paráfrasis).
Mi amado hermano en Cristo, que nada ni nadie nos aleje del amor de Dios. Que ninguna cosa creada por los hombres (redes sociales) nos separe de la comunión con Dios y su Hijo Jesucristo. Que Dios les bendiga y proteja de todo mal. Amén.
