“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón (ALMA); Porque de él mana la vida” (Pr. 4:23). En la versión Dios Habla Hoy, se traduce así: “Cuida tu mente más que nada en el mundo, porque ella es fuente de vida”. Los valores abstractos que la sociedad o cultura moderna pregonan, son eminentemente moralistas y materialistas. Tienden a exaltar el ego personal, la sobreestima, la idolatría del cuerpo mediante una obsesionada ambición de esculpir un cuerpo atlético. Sin importar los daños irreparables que ocasionan al ingerir esteroides anabólicos, que afectan de manera irreversible el cuerpo. Provocando daños, como ataques al corazón, accidentes cerebrovasculares, tumores hepáticos, etc., por citar algunos.
En la ceguera del hedonismo moderno, no se evalúan las consecuencias futuras, sino sólo la satisfacción placentera inmediata, del momento. Pero la palabra de Dios no nos enseña esto. Ella nos muestra y nos aconseja una actitud muchísimo más sabia y prudente. La visión del hombre espiritual es clara. Todo lo que él hace no es un mero actuar sin propósito ni futuro, sino todo lo contrario. Sus acciones son el producto de un razonamiento espiritual, una mesurada reflexión y meditación, entendiendo que: “…todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gá. 6:7).
Este es un principio bíblico y universal, que establece que todas nuestras acciones, decisiones y pensamientos, sean estos buenos o malos, traerán consecuencias inevitables. Es exactamente igual a la ley universal de causa y efecto. Me pregunto: ¿Qué tanto valoras tu alma? Si es que tienes conciencia de esto. ¿Ella está entre las cosas de mayor cuantía para ti? Y si es así: ¿Qué estás haciendo, mi amado lector, para alimentarla, fortalecerla y protegerla? Ya que de ella emana tu propia vida presente y futura.
Lo que tengo dentro de mi alma, definitivamente define lo que saldrá de mi persona, sean palabras o acciones. Es tan poderosa la influencia que ejerce sobre todo mi ser, que aun mi salud física depende en gran medida de la paz de mi alma. El Señor Jesús dijo: “Porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas. El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Lc. 6:44-45).
Es de esta forma, tan sencilla pero muy efectiva, que cada persona evidencia su personalidad. Te puedes esforzar mucho por mostrar una determinada imagen de bondad y amor, pero tus palabras y acciones revelan los secretos de tu alma. Las palabras del Señor Jesús son contundentes para aclarar este misterio humano. Así que, eres bueno o malo, según tus acciones o palabras. Ante esta realidad ineludible, nos conviene sobre manera tener un alma limpia y llena de la presencia y valores de Dios.
Te invito, en el nombre del Señor Jesús, a que te acerques a él, humillado, reconociendo tu falta de pureza en tu mente y en tu corazón. Y habiendo recibido esta gracia divina, por la muerte de Cristo en la Cruz, decide de corazón, perdonar a todos los que te han ofendido o contra aquellos que sientas alguna animadversión por algún motivo. Debes proponerte, mediante el poder del Espíritu Santo de Dios, evitar todas aquellas cosas que contaminan tu alma, sean audiovisuales, escritas o de persona a persona.
Entiende, por favor, mi querido lector, que de estas pequeñas pero enormes decisiones, depende tu vida presente y futura. La Biblia es clara cuando dice: “Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción” (1 Co. 15:50). Estas palabras son contundentes y no dejan ninguna duda. Tenemos que alcanzar, sólo por medio de Jesucristo, esa limpieza del alma, lo cual nos hace aceptos ante Dios y ante sus ángeles en el cielo. Pero entre tanto estemos en este mundo, nos permite dar frutos dignos de arrepentimiento que glorifican al Dios Todopoderoso.
Mi amado hermano, siembra para el Espíritu, pues esto te dará derecho a la vida eterna. No siembres para la carne. Valora la oportunidad que tienes ahora que estás vivo y consciente, porque tu presente puede cambiar cuando menos lo esperes; y vas a desear haber aprovechado esta oportunidad, pero será demasiado tarde. Dice el Santo Libro de Dios: “Hijo mío, está atento a mis palabras; Inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; Guárdalas en medio de tu corazón (alma); Porque son vida a los que los hallan, y medicina a todo su cuerpo” (Pr. 4:20-22).
Que lo que salga de tu boca y las reflexiones de tu corazón, sean agradables delante de Dios. El apóstol Pablo advierte que para gozar de esa paz que sobrepasa todo entendimiento y guarda todos nuestros pensamientos en línea con Cristo Jesús, y que su gozo inunde todo nuestro ser, debemos ocupar todos nuestros pensamientos en: “… todo lo que es verdadero, todo lo que es honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad (Fil. 4:8).
Mi querido hermano, CONSÉRVATE PURO con el poder del Santo Espíritu de Dios. Que el Señor les bendiga. Amén.
