Dios planificó bendecir al hombre, al ponerlo en un ambiente de mucha tranquilidad; en un parque creado por Dios con todo lo necesario y le entregó a Eva, para que fuera su ayuda idónea y de ella naciera su familia. Leamos: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera…” (Gn. 1:27-31).
Aquí comenzó la prueba para Adán, en cuanto a la administración en el huerto, al ponerle nombre a las plantas y a los animales. En todo ello no hubo problema. Pero en cuanto a la administración con su familia ahí fue donde falló. Lo mismo sucede el día de hoy. Hay buenos economistas, licenciados, arquitectos, ingenieros, profesionales; incluso pastores y cristianos. Pero la pregunta es: y en sus hogares ¿cómo son? Sabemos muy bien el diseño original que Dios estableció. Pero lamentablemente ha sido destruido por Satanás. Esto continuará, como está escrito: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Jn. 10:10).
El cumplimiento de esta palabra es tan real ante nuestros ojos en estos tiempos, cómo la vida en familia ha sido abatida por Satanás. Se han perdido los valores que Dios estableció en sus mandamientos (léase Éxodo 20:12). Además, dice Dios a través del apóstol Pablo: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno…” (2 Ti. 3:1-3).
Es impresionante el cumplimiento de esta palabra ante nuestros ojos. Lo que comenzó un día en la mente de Dios: «que la familia sería de mucha bendición», se ha vuelto para muchos una carga, frustración, decepción, enemistades, pleitos, etc. Leamos: “Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Gn. 12:3).
Dios mantenía la esperanza de encontrar hombres que entendieran sus planes, para poder bendecirlos. Hoy nos toca a nosotros entender el plan de Dios, diseñado por él mismo, para poder plasmarlo en hechos reales que glorifiquen su Santo nombre. Leamos cómo lo dijo nuestro Señor Jesucristo: “Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa” (Mt. 24:43).
Es impactante cómo el Señor Jesús plasma la responsabilidad de un padre para no dejar minar su casa. El término «minar», significa: destruir, debilitar, arruinar algo poco a poco. Como iglesia debemos estar atentos para que esto no sea una realidad en nuestros hogares. Nuestra base y nuestro fundamento es la palabra de Dios. Tú, como padre, tienes tu responsabilidad. Lee La Biblia, en ella encontraras la guía. Tú, como madre, también tienes tu responsabilidad. Y tú, como hijo, también tienes tu responsabilidad (léase Colosenses 3:18-20).
Ejemplos a seguir
Hay hombres en La Biblia que lograron entender el plan de Dios sobre este tema. Uno de ellos fue Josué, leamos: “Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del rio, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Jos. 24:15). Hablando de la mujer virtuosa dice: “No tiene temor de la nieve por su familia, Porque toda su familia está vestida de ropas dobles” (Pr. 31:21).
Aquí se resalta el trabajo en familia y el cuidado mutuo que se debe tener en cuanto a las cosas materiales; y mucho más, en las cosas espirituales. De manera que cuidar a la familia que Dios nos dio es una responsabilidad tan grande. En Hechos 21:8-9 se nos habla sobre Felipe, uno de los primeros siete diáconos, su trabajo espiritual en casa se reflejaba en la vida de sus hijas, quienes profetizaban.
En 1 Corintios 16:15, se nos habla de la familia de Estéfanas. Desde que recibieron el evangelio se entregaron al Señor, siendo de mucha bendición para el apóstol Pablo y para el servicio de los santos. Para poder servir al Señor, es importante que esto que venimos hablando sea una realidad en nuestro hogar. Leamos: “…que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad…” (1 Ti. 3:4). El sentimiento de Dios para la familia sigue vivo hasta el día de hoy (léase Hechos 16:31-32). La Biblia está llena de tantos ejemplos, que nos motivan a no descuidar a nuestras familias.
Concluimos con este sentimiento: “Como pájaro que vaga lejos de su nido, así es el hombre que vaga lejos de su hogar” (Pr. 27:8 LBLA). Este ejemplo de la naturaleza nos deja mucha enseñanza. Porque un ave que abandona su nido, está en peligro de los depredadores. Amado hermano: cuida tu casa, cuida tu familia y cuida tu hogar. Así sea. Amén.
