“Aprovechando bien el tiempo”

6 noviembre, 2026

“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor” (Ef. 5:15-17). Mi querido hermano y amigo, hoy mas que nunca se vuelven importantes estas palabras del apóstol Pablo, haciéndonos una exhortación a velar por nuestras vidas.

Estas palabras, sencillas de entender, no necesitan un análisis teológico, pero tienen implicaciones enormes y trascendentales para cada uno de nosotros. De hecho, la manera en que invertimos nuestro tiempo dice mucho sobre nuestros objetivos y metas de vida. El pasaje inicial nos sigue diciendo: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu…” (V. 18).

Esto no se refiere únicamente a una bebida física que contiene alcohol, que embriaga la mente del hombre. Esto hace una referencia a las embriagueces que este mundo ofrece y que provocan cada vez más que el hombre pierda su rumbo, divagando dentro de muchos distractores que lo alejan más de su Creador, pues al final, tiempo para buscar a Dios “no hay”.

Nuestro Señor Jesucristo nos dice lo siguiente: “Mirad por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día” (Lc. 21:34). El Señor nos deja en este versículo, varios puntos o aspectos importantes. Y los resalta de manera amorosa, diciéndonos que “veamos por nosotros mismos”. Es decir, que, aunque él tiene cuidado de nosotros, nos dice que debemos velar por el cuidado de nuestras propias vidas.

Aquí habla de las glotonerías, de la embriaguez y de los afanes de esta vida. Resulta increíble que estas tres cosas son las que los hombres buscan con más vehemencia hoy, en nuestros días. Reflexionemos en las palabras que Cristo nos dice al respecto. «Glotonería»: es la búsqueda del placer, muchas veces excesivo sobre todas las cosas, sin importar consecuencias humanas, mucho menos espirituales.

«Embriaguez»: es el estado de inconciencia en el que los distractores nublan el entendimiento espiritual y producen malas decisiones. Enfocando el pensamiento hacia disfrutar más y más las cosas de este mundo, descuidando lo más importante que es el alma del hombre. Leamos: “Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma…” (1 P. 2:11).

Por último: «los afanes de esta vida», que parecieran nobles anhelos para vivir de la mejor manera posible, pero peligrosamente nos pueden quitar la visión de que, en este mundo, únicamente estamos de paso. Leamos: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias” (Fil. 4:6). El afán nos impide ver las riquezas espirituales que Dios nos da.

También nos impide ser agradecidos por lo que tenemos, pues nos hace pensar con mayor intensidad en las cosas que no tenemos. Debemos agradecer a Dios con todo el corazón por sus bendiciones y por la nueva vida que hoy disfrutamos. El pasaje continúa diciendo: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (V. 7).

Dice una frase conocida: «el tiempo es oro». Nosotros podemos decir: «el tiempo es vida». Y la forma en la que invierto mi tiempo define mi vida. En la palabra de Dios encontramos algunas enseñanzas muy importantes, de cómo algunos desperdiciaron su tiempo y luego cuando quisieron enmendar, era demasiado tarde.

En la parábola de las diez vírgenes, se muestran cinco de ellas siendo insensatas. Pues cuando se dieron cuenta de que no tenían aceite en sus lámparas y que se escuchaba el clamor de la venida del esposo, quisieron correr a buscarlo, lamentablemente, cuando ya no era tiempo.

En otro caso, el siervo malo y negligente a quien le fue confiado un talento, pero lo descuidó y dejó pasar el tiempo. Según él, hacía bien con esto. El reclamo o demanda del amo es que, si lo hubiese dado a los banqueros, podría haber entregado, por lo menos, los intereses que aquel talento habría generado en el tiempo transcurrido.

En estos casos, podemos comprender la importancia que tiene para el Señor «cómo usamos nuestro tiempo». Dice el Señor en su palabra: “Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación…” (1 P. 1:17).

Amado hermano y amigo: ¿Qué estás haciendo tú con los talentos que Dios te ha dado? ¿Estás llenando tu lámpara de aceite? ¿Estás redimiendo bien tu tiempo, viendo que estos días son malos? Son preguntas que tú y yo debemos hacernos hoy.

Dios espera que le busquemos con el corazón y tiene sus manos llenas de toda bendición espiritual que quiere compartir con aquellos que deseen pasar no sólo un tiempo, sino una eternidad a su lado. ¿Quieres tú? Aprovecha, redime e invierte bien tu tiempo en beneficio del reino y de tu alma. Que Dios les bendiga. Amén.