“La tardanza puede ser fatal”

9 octubre, 2026

“…entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación. ¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, le provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés?” (He. 3:15-16). Quiero, con la ayuda del Santo Espíritu de Dios, reflexionar con ustedes sobre este mal que, por cierto, es tan recurrente. Y creo que no hay ningún hombre que, en algún momento de su vida, no haya caído en él.

Me refiero a la tardanza en responder a las oportunidades que se nos presentan, pero que, por negligencia o dejadez, perdemos la oportunidad de alcanzar algo valioso que pudimos obtener. Pudo haber sido una cita para solicitar un empleo. Pero por dejadez o negligencia no llegaste a tiempo ni te preocupaste por preparar toda la información solicitada. Y quizás, llenabas las características para aplicar positivamente en él.

Esto sólo por poner un ejemplo. Pero hay un sin número de ocasiones que se presentan en la vida y las perdemos por ser descuidados. Y en algunas oportunidades, hasta llegamos a cobijarnos bajo la excusa de que “quizás no era la voluntad de Dios”. En el caso de nuestra vida material, sólo es la pérdida de una oportunidad material. Pero en el contexto espiritual, no podemos pecar de dejados, ante los valores eternos de la voluntad de Dios; las consecuencias pueden ser fatales.

Existen, en la palabra de Dios, muchísimos ejemplos de este mal. Y nos deja evidencias históricas sobre las terribles consecuencias de este descuido tan común. Dice el versículo del inicio: “Si oyereis hoy su voz, no endurezcas tu corazón”. Se puede interpretar la palabra: “oyereis hoy su voz”, como una ordenanza o mandamiento que viene de la misma boca de Dios para su pueblo. Y requiere una gran atención y una respuesta presta y diligente, manifestada mediante la obediencia absoluta a Dios y su palabra. De lo contrario, hay advertencias de consecuencias terribles por la indiferencia y desobediencia hacia ella.

Por otro lado, la palabra “endurezcas”, se interpreta como terquedad, incredulidad, rebeldía, etc. El amor de Dios para el hombre se manifiesta, estableciendo principios que lo orienten en cuanto a su caminar sobre este mundo bajo la dirección de Dios. Librándolo de esta forma, del pecado que mata el alma del hombre. Israel, a lo largo de su historia, ha sido un pueblo duro de corazón y lo ha pagado muy caro. Leamos: “Pero mi pueblo no oyó mi voz, E Israel no me quiso a mí. Los dejé, por tanto, a la dureza de su corazón; Caminaron en sus propios consejos” (Sal. 81:11-12).

El Señor nunca te obligará a que le obedezcas. Dios llama e invita, pero nunca te obliga. Por eso el Señor se lamenta al decir: “Pero mi pueblo no oyó mi voz, e Israel no me quiso a mí”. Me pregunto: ¿Qué mal les hizo Dios, para que Israel lo menospreciara tanto? Dios se ve obligado a dejarlos en su actitud de rechazo; caminaron en sus propios consejos y menospreciaron el consejo de Dios.

Dice la palabra: “Se multiplicarán los dolores de aquellos que sirven diligentes a otro dios…” (Sal. 16:4). Dice: “a otro dios”, con “d” minúscula, porque hay un solo Dios verdadero y su Hijo Jesucristo, al que debemos reverencia, adoración, respeto y obediencia. Los hombres llaman dioses a los que no lo son. Como, por ejemplo: Baal y Dagon, dioses paganos que adoraba Israel en la época del rey David. Ellos cambiaron al Dios verdadero por esos falsos dioses. Y las consecuencias fueron terribles. Israel fue castigado por Dios de muchas formas, fueron traspasados de muchos sufrimientos.

La actitud menospreciativa de Esaú, le hizo perder su derecho a la bendición por la primogenitura, leamos: “…no sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura. Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas” (He. 12:16-17).

Mi amado hermano, es tiempo que veas con mucha seriedad, la actitud que tienes ante la voz de Dios. Esta llega a nosotros por medio de su palabra escrita y predicada. Nosotros no somos mejores que Israel, tenemos el mismo mal. Todo lo dejamos para más tarde o simplemente lo ignoramos. Es tiempo de que “nos apresuremos y no nos tardemos en guardar los mandamientos del Señor” (léase Salmos 119:60).

Corremos el riesgo de ser como el rico, que llegó al Hades y se lamentó de tener cinco hermanos igual que él, paganos y carnales. Pero no quería que llegaran al mismo lugar en donde él se encontraba, el Hades. Le pidió a Abraham resucitar para advertirles, pero era demasiado tarde. Su oportunidad se terminó y no había retorno; y sus hermanos tendrían la misma oportunidad que él tuvo.

Leamos: “…Despiértate, tú que duermes, Y levántate de los muertos, Y te alumbrará Cristo. Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor” (Ef. 5:14-17).

Y hay muchos otros ejemplos. ¿O quieres ser como las cinco vírgenes insensatas? Como dice la alabanza: «Es tiempo de velar, es tiempo de buscar a Dios; y de escuchar su voz que hoy te quiere hablar».

Mi amado hermano, que Dios te dé oídos para oír y ojos para ver. Que Dios te bendiga. Amén.