“Jesús, nuestro anhelado oasis”

12 junio, 2026

Sabías que un oasis natural y perfecto es algo «tan, pero tan especial», tan anhelado y valorado. Esperado ansiosamente en los momentos más críticos de un caminante sobre el desierto, al llevar dentro sí el dolor de la soledad, el desánimo, el cansancio, la frustración moral, espiritual y física. El agotamiento extremo causa confusión y grandes frustraciones, difíciles de entender. Y sólo aquellos que han atravesado semejante situación, podrían entender lo que significa: «un solo sorbo de agua», que sacie la sed que produce su propia circunstancia.

Hay momentos que merecida o inmerecidamente, dentro del ser humano, son incomprensibles a la razón, pero reales. Porque al pasar sobre el desierto, viene la confusión y la ausencia de todo. El dolor profundo va tomando ocasión y debilidad progresiva, manifiesta en grandes depresiones emocionales, enfermedades físicas y psicosomáticas (enfermedades creadas en la mente con evidencias y trascendencia física). Vienen las ideas suicidas, hasta el extremo de la muerte existencial y biológica. Es en esas condiciones, en donde te encuentras solo y sientes que Dios y todos se olvidaron de ti.

Esta es la trágica condición en que Satanás y sus demonios interceptan a cualquier mortal, principalmente a los hijos de Dios. Son aquellos perversos que, mediante el engaño que se extiende a la religión, usan a hombres poseídos y corruptos, falsos pastores, falsos maestros, autodidactas y hasta falsos Cristos. Sin respetar ni a los hijos de Dios. Estas vulnerables almas son acorraladas y encarceladas. Presentando espejismos y falsas esperanzas a todo angustiado, pobre y necesitado. Haciendo de ellos presa fácil de los depredadores que aun de día vuelan en el desierto de la vida. Les ofrecen felicidad filosófica e ilusoria; y luego, mediante falsos liderazgos los dejan abandonados sobre la cruel arena.

Esta es la realidad del desierto, que es este mundo, en donde hay calor intenso en el día, frío extremo por la noche, arena e implacables tormentas; un horizonte sin esperanza. Además, depredadores con hambre, esperando víctimas para devorar, serpientes, bichos ponzoñosos y más. No sabes de dónde vendrá el mal. Es allí, en el mundo, en donde Satanás opera, porque así se le permitió de parte de Dios, para prueba y formación de los suyos. Leamos: “…y el mundo entero está bajo el maligno” (1 Jn. 5:19). Además: “El ladrón (Satanás) no viene sino para hurtar y matar y destruir…” (Jn. 10:10).

Este acusa y ejecutará acciones perversas y premeditadas sobre los justos principalmente. Leamos: “… ¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? (…) Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti…” (Job 1:9-11). Amado hermano, aquí caminamos en este cruel desierto que es nuestra prueba y escuela, el cual nos asediará de continuo mientras vivamos. Y en ese trayecto de nuestra existencia, no hay opción. ¡O vencemos, o morimos!

Pero vamos ahora a nuestro título inicial, respecto al «anhelado oasis». Las pruebas vendrán, el desierto se intensifica y el agotamiento causa espejismos reflejados en verdaderos oasis. ¿Y qué son los oasis? Son áreas de fuentes cristalinas de agua, en donde hay vegetación y vida. Esto, en medio del cruel desierto. Algo anhelado. ¡Tu salida, tu solución! Muchos caminantes extenuados los anhelan y esa obsesión crea en la mente «falsos oasis». Ellos los ven como una realidad y se acercan, pero se vuelven lejanos, una y otra vez.

Eso es precisamente la religión con sus falsos profetas, pastores y maestros. Quienes, mediante un evangelio suave, sin cruz, sin pruebas, basado en el humanismo y el materialismo, engañan a muchos. Música sensual, caricias, manifestaciones espiritualistas, milagros engañosos, falsas promesas, doctrinas de prosperidad, emulaciones con perversidades inmersas y más. Algo realmente terrible. Estos son los «falsos oasis» que, aprovechando la necesidad de los pobres, capturan esas almas y a los hombres integralmente.

Despojándolos de sus valores y bienes materiales, constituyéndose no en iglesias, sino en “pequeñas trampas”, bajo la dirección de un “mal pastor”, que los lleva estratégicamente a él, a la admiración de su yo íntimo. A la culminación de su avaricia y narcisismo; y no al verdadero oasis «al pastor único y verdadero que es Cristo Jesús”. Estos no sueltan a sus miembros, porque simplemente viven de ellos. Aprovechándose de su leche, miel y lana. Y bajo amenazas, que implican hasta su salvación, los atrapan y esclavizan. Leamos: “…y por avaricia (deseo de dinero y de poder) harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme…” (2 P. 2:3). Además: “… (los hacen) dos veces más hijos del infierno…” (Mt. 23:15).

Amados, hay un espacio abismal entre un oasis virtual o artificial y el «oasis verdadero». En los últimos días habrá hombres malos y perversos, usados por Satanás. Inmersos y protegidos por coberturas inciertas, amparados por élites intelectuales y entes reconocidos por hombres, universidades, seminarios teológicos o escuelas filosóficas, pero no sustentadas en la verdad que Cristo predicó y vivió ni mediante la revelación ni el sello del Espíritu Santo.

El apóstol Pablo se refiere muy crudamente al escribir: “Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo. Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne” (Fil. 3:2-3).

Clamemos de continuo a Dios con toda nuestra alma para que la revelación, la gracia, el perdón y la misericordia, nunca se aparten de nuestra vida. Tomando del agua verdadera, de ese oasis perfecto y anhelado que es Cristo Jesús. Sin él nada somos. A él sea la gloria, la honra y la alabanza, eternamente y para siempre. Así sea. Amén y Amén.