El fuerte deseo de entender la palabra de Dios; el interés por tener cambios en la conducta y vivir de acuerdo al amor del Señor; y el anhelo de tener convicciones cimentadas en una fe verdadera; hizo que un grupo de jóvenes, buscara a Dios con la necesidad de encontrar respuestas a sus inquietudes. El Señor se mostró en medio de ese clamor, para manifestar que hallaba a sus ovejas perdidas. Y como el buen pastor, extendió su mano con su vara y su callado, para acercarse y alimentar a aquellas almas necesitadas.
La palabra de Dios es el alimento del alma que nutre y da vida. Y el Espíritu Santo es la fuerza poderosa que obra en la vida del hombre y lo dirige hacia la verdad. Bajo esa dirección, el Señor permitió a su tiempo, iniciar la obra formalmente, permitiendo a través de un servicio especial, el inicio de una nueva etapa de estos jóvenes. Cabe mencionar que han pasado ya más de cuarenta años. Y durante todo este tiempo Dios ha sido bueno y fiel para ayudarnos, sostenernos y permanecer fundamentados en la sana doctrina del Señor Jesucristo y los apóstoles.
En un inicio se alquilaba un cuarto, en donde se desarrollaban las actividades. Y aquellos fundamentos que caracterizaban a la primera iglesia o la iglesia primitiva, han sido parte de nuestra vida. Perseverando continuamente en el templo, desarrollando la comunión al estar juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, orando los unos por los otros, y saliendo a las calles, a las casas, a los parques, a los hospitales, a las aldeas y ciudades, a proclamar el mensaje de esperanza y del amor de Dios para el hombre.
Y ha sido interesante cómo la palabra ha llegado a tantos lugares y personas, que ahora son hermanos nuestros en la fe. Ellos se han encargado de transmitir también y compartir lo que de gracia han recibido. De esa cuenta, a lo largo de este tiempo, varios hermanos nuestros han descansado en el Señor, siendo sostenidos por la fe y la esperanza de ver un día a nuestro Redentor. Impactando con su vida a la congregación, a su familia y siendo un testimonio vivo, real y fiel, para este mundo.
También, para la gloria de Dios, muchos seguimos en este camino, recibiendo la formación del Señor, leamos: “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca” (1 P. 5:10). Continuamos siendo instruidos en la palabra; experimentando en nuestra vida el cambio que sólo Dios puede hacer, para que podamos servir con gratitud y entendimiento.
Edificación congregacional
“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Ti. 3:16-17). El propósito de nuestras reuniones, ágapes, estudios, retiros, visitas pastorales, momentos de reflexión con diferentes grupos, y todas las actividades que nos permiten estar juntos para escuchar el consejo de la palabra, es: “estar preparados para toda buena obra”.
Por ello la importancia de perseverar en un mismo sentimiento y mantener ese avivamiento continuamente en nosotros. Los que no entienden la verdad seguirán engañados. Una vida religiosa no es suficiente. Necesitamos un encuentro personal con Cristo para poder hacer frente a los deseos de la carne que batallan contra el alma. Porque cuando vivimos la palabra, somos parte de la familia de Dios. Leamos cómo lo expresó el Señor Jesús: “…Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen” (Lc. 8:21).
Estamos en tiempos finales y difíciles, porque las corrientes de este mundo arrastran a muchos, incluyendo a aquellos que dicen ser “cristianos”. La influencia de grandes personalidades, empresarios, artistas, deportistas, famosos, etc., se ve en la forma de imponer sus ideas, a través de las modas, vanidades, formas de hablar o expresarse, haciendo que los simples deseen ser como ellos. Pero el Señor nos dice: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Ro. 12:2).
El Hijo de Dios vino para enseñarnos el camino. Y tenemos el ejemplo de Jesús y sus discípulos, quienes fueron sencillos y humildes. La palabra también nos habla de lo que el Señor desea para el cambio de nuestra conducta. Leamos: “Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente…” (Ef. 4:17). Para dejar de andar como los gentiles y agradar a Dios, necesitamos fe. Y la fe viene por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.
Para concluir, debemos hacer nuestra la oración de Habacuc. Este hombre de Dios, profetizó en tiempos cercanos a la destrucción de Nínive, y clamaba en una época de maldad, violencia e injusticia. Y él expresaba: “Oh Jehová, he oído tu palabra, y temí. Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, En medio de los tiempos hazla conocer; En la ira acuérdate de la misericordia” (Hab. 3:2). Con la ayuda y el poder de Dios, su obra debe mantenerse viva en medio de su pueblo.
Amado hermano: ¿estás avivando la obra de Dios en ti? Señor, ayúdanos a permanecer en el Camino de Santidad. Que Dios les bendiga. Amén.
