“Las verdaderas riquezas”

13 marzo, 2026

Es evidente y dañino el desconocimiento y menosprecio que hay de Dios y su bendita palabra, lo cual lleva a la humanidad a buscar en este mundo: bienes y riquezas (materiales), haciendo creer el enemigo que teniendo todo esto se vive feliz (error garrafal). Hoy vemos a una humanidad hundida en el materialismo. Todo es correr y correr; afanados por tener aquello con lo que se ha soñado.

Invirtiendo el tiempo (vida) en todo lo que es temporal. Ignorando voluntariamente lo que la bendita palabra de Dios nos enseña, leamos: “No te afanes por hacerte rico; Sé prudente, y desiste. ¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? Porque se harán alas Como alas de águila, y volarán al cielo” (Pr. 23:4-5). El consejo es: “Sé prudente y desiste” (renuncia, deja de hacer, detente, etcétera).

También dice así la palabra: “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna” (1 Ti. 6:17-19).

He aquí el consejo sabio dado por la palabra del Señor, ya que somos puestos a prueba en cuanto a nuestra generosidad y con ello mostrar que Dios nos provee lo necesario; y si hay un poco más, es para compartirlo. Este es el ejemplo que el mismo Señor Jesucristo vino a darnos y con ello, dejar un claro fundamento de lo que la vida de un verdadero hijo de Dios debe de ser, en nuestro peregrinaje en este mundo.

Hoy debemos de entender ese plan maravilloso de Dios mismo en la manifestación de su Hijo Jesucristo: “…el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2:6-8).

Y aún más claro, leamos esto tan especial: “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Co. 8:9). ¡GLORIA A DIOS! Esto es amor puro y verdadero, y una realidad de vida. El Señor Jesús nació en la incomodidad, contribuyó trabajando para el sostenimiento de su familia. Al tiempo señalado, dejó su hogar para ocuparse en lo que él llamo: “los negocios de mi Padre”. Renunció a las glorias terrenales y nos enseñó a hacer tesoros no en la tierra, sino en el cielo.

Amados lectores, veamos lo que Dios hace por su iglesia: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo…” (Ef. 1:3). Y podemos seguir viendo los versículos siguientes, que nos hablan de esas bendiciones espirituales: predestinación, escogimiento, adopción, redención, perdón de pecados, sabiduría e inteligencia, según las riquezas de su gracia. Salomón también escribe acerca de esto: “De más estima es el buen nombre (testimonio) que las muchas riquezas, Y la buena fama más que la plata y el oro” (Pr. 22:1).

En los inicios de los primeros cristianos, encontramos un mensaje en el Libro de Apocalipsis, para una iglesia llamada: Esmirna. En esta dispensación, la iglesia fue perseguida por el imperio de esa época. Los cristianos debieron de abandonar sus casas (léase Hebreos 10:32-34), sus reuniones las hacían en cuevas llamadas catacumbas. Leamos lo que se le escribe a esta iglesia: “Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza (pero tú eres rico) …” (Ap. 2:9). Aparentemente, por su condición eran pobres (materialmente), pero en realidad poseían una verdadera riqueza espiritual.

Contrario a este ejemplo, vemos a otra iglesia o dispensación descrita también en Apocalipsis; y es la iglesia de Laodicea (la iglesia profesante actual). Con lujos, con una promoción extraña de la “prosperidad material”, mucha comodidad (molicie), quien ante sus propios ojos es rica. Y me pregunto: ¿A qué riqueza se refieren? Pero la verdad siempre estará en Dios y su palabra, por eso leamos: “Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo” (Ap. 3:17).

Y luego viene el consejo de misericordia: “Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas” (V. 18).

Amados hermanos, Dios nos está preparando para esos días finales que él ha de permitir y que como iglesia estemos sobre la tierra. No está aquí nuestra meta, Dios no nos va a dejar ni desamparar, porque así lo prometió. Pero por amor a nuestras almas, no invirtamos el orden de nuestra búsqueda.

Recordemos siempre el consejo que nos ha sido dado: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mt. 6:33). ¡Hasta la eternidad, con Jesucristo! Que Dios les bendiga. Amén.