“Mi elección define mi salvación o condenación”

18 septiembre, 2026

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn. 3:16). Esta hermosa afirmación, que viene de los mismos labios del Señor Jesús, encierra en pocas palabras el tremendo y maravilloso plan de salvación, de parte de Dios, para toda la humanidad. El enfoque y llamado es universal. Pero, aunque es universal, tiene implicaciones individuales. No hay en él, ningún tipo de discriminación ni mucho menos acepción de personas. Es para todos los seres humanos, sin importar su condición espiritual o emocional.

Nuestro Padre y Creador, manifiesta su inmenso amor a la humanidad, enviando a su unigénito Hijo al mundo, para pagar el precio del pecado de todos los hombres. Abriendo de esta forma, la oportunidad de escapar de la condenación por el pecado. Y lo que tiene que hacer el hombre, quien quiera que sea, es creer y aceptar de corazón la invitación de Cristo Jesús.

Esta elección que haga, le dará la oportunidad de alcanzar la salvación eterna y ser libre de la condenación que pesa sobre todo ser humano. El Señor Jesús dijo: “…así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil (Israel); aquellas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño (los gentiles), y un pastor” (Jn. 10:15-16).

Sí, mi amado hermano, la invitación está vigente, aunque han transcurrido miles de años; su poder salvífico es actual y poderoso. Y la decisión sigue siendo personal e individual. El llamado sigue siendo el mismo: te llama al arrepentimiento y a la conversión genuina y real, para alcanzar la tan preciada salvación eterna. Pero ante esta invitación a la humanidad, no todos responden positivamente. A pesar de los gloriosos efectos y promesas implícitas, hay muchos que oyen, pero son pocos los que llegan a la calidad de ser escogidos.

Se entiende que los llamados son muchísimos. Oyen la invitación y les parece atractiva, pero no hay una respuesta concreta y efectiva. En cambio, los escogidos escuchan la invitación y responden de manera sincera y práctica; siendo obedientes, sujetos y respetuosos a los mandamientos del evangelio de Cristo Jesús.

Hay una parábola que el Señor Jesús enseñó a sus discípulos, la cual nos ayudará a entender mucho mejor esta enseñanza. Se encuentra en el Evangelio de Mateo 22:1-14. Habla sobre un rey que hizo fiesta de bodas para su hijo. En este caso, los convidados son, simbólicamente Israel. Pero ellos no aceptaron la invitación (dispensación de la ley). Y el rey no se conformó con esta propuesta e invitó a sus siervos a que volvieran a hacer la invitación (dispensación de la gracia). Comentándoles que ya todo estaba preparado, la comida, los toros y animales engordados, todo estaba dispuesto. Y les dijo: “venid a las bodas”.

Pero ellos no hicieron caso y cada uno se fue a sus negocios o labranzas. Y algunos otros, de manera violenta agredieron a los siervos del rey y a otros los mataron, como a Cristo Jesús en el Gólgota. Dice el Santo Libro: “A lo suyo vino, y los suyos (los judíos) no le recibieron” (Jn. 1:11). “Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre (Satanás), a ese recibiréis (falsos Cristos) …” (Jn. 5:43). Ante esta afrenta, el rey se enojó (contra los judíos) y vuelve su corazón al resto del mundo, enviando a sus siervos por todas partes del mundo. Porque los primeros convidados no fueron dignos de participar de la invitación.

Esta es la oportunidad para los gentiles: tú y yo. Y salieron a todas partes del mundo a hacer la invitación a buenos y malos, porque las bodas están preparadas. Y de que habrá boda, habrá. Pero aconteció algo sorprendente. Entró el rey para ver a los convidados y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda. Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Él enmudeció y no pudo justificar su condición. El rey ordenó que lo ataran y lo lanzaran a las tinieblas de afuera (el infierno). Y el Señor Jesús advierte: “allí será el lloro y el crujir de dientes”. Una manera de describir el dolor y sufrimiento en el infierno. Pues no se pierde la conciencia. Y termina la parábola diciendo: “muchos son llamados y pocos escogidos”.

Mi amado hermano, muchos oyen y menosprecian la oportunidad de oír el evangelio y se conforman con ser miembros de la iglesia. Pero en sus vidas hay un rechazo tácito y discreto a los mandamientos del Señor. No hay evidencias de un cambio real en ellos. Son murmuradores y querellosos. Su conducta es la de andar juzgando a su prójimo y aun a las autoridades que Dios ha puesto (no que seamos infalibles); discrepan y se oponen a muchas cosas. Y quizás les incomoda la verdad de la palabra, porque les evidencia sus pecados ocultos. El fin de los tales es la condenación.

Pero están los que sí oyen y valoran el evangelio que Dios nos ha dado, sujetándose a él. Demuestran el poder transformador del evangelio, a través de una vida y conducta dócil y sujeta, no a hombres, sino a Jesucristo Señor nuestro y de todos los que le temen.

Mi querido lector: ¿Eres de los llamados o de los escogidos? Eres tú quien decides. Elevo mi oración a Dios el Padre, para que te dé el poder de decidir de corazón por él y que te encuentre vestido de bodas, así como él quiere y no como tú te lo imaginas. Dios te bendiga. Amén.