“Si vivimos para Cristo, el morir será ganancia”

31 julio, 2026

“Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Fil. 1:21). Tarde o temprano, tendremos que atravesar el umbral que hace que la vida física, el aliento de vida, deje de ser. Para experimentar ese momento que es tan temido y no deseado para la mayoría. Pero queramos o no, ha de llegar. A menos que sea el rapto de la iglesia (pero eso es solamente para los redimidos por la sangre de Cristo). Lo importante es «estar preparado» y eso es lo que menos hacemos y ni siquiera queremos pensar en ello. Pero quiero decirte mi hermano y amigo, que el morir puede ser ganancia o pérdida, dependiendo de lo que en esta vida vivimos.

El apóstol Pablo vivía con la convicción de que la muerte para él era una ganancia (utilidad que se tiene de alguna acción) y eso le hacía tener esa convicción. Mi amado lector, Pablo llegó a tener la bendición de «vivir para Cristo». No estimó preciosa su vida para sí mismo, leamos: “Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios” (Hch. 20:24).

Su anhelo era terminar la carrera con gozo, cumplir con el ministerio al que había sido llamado y dar testimonio del evangelio que había recibido. Literalmente dio su vida al servicio de Cristo y su pueblo. Muy recientemente tuvimos a bien sepultar el cuerpo de un hombre de Dios, nuestro amado pastor, Hno. Edgar Fuentes. Quien constantemente nos recalcaba en nuestro pasaje inicial y nos desafiaba a no tenerle temor a la muerte, lo cual nos dejó un ejemplo bien marcado en nuestros corazones.

Nos compartía sobre renunciar a las glorias de este mundo y a los placeres. Él supo sacrificarse por salir y hacer la obra de Dios a todas nuestras iglesias, a pesar de su edad. Siempre le veíamos con una sonrisa, con un interés por cada hermano. Hoy Dios lo llevó a su gloria eterna. Pero la huella que deja es un ejemplo a seguir. Peleó la buena batalla, acabó su carrera y guardó la fe. Es por eso que hoy debemos de reflexionar nosotros en nuestro vivir: ¿Para qué o para quién vivimos? No cabe duda que Moises tenía razón cuando escribe: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría” (Sal. 90:12).

Recuerda que la vida es corta sobre esta tierra y vale la pena considerar sabiamente cómo aprovechamos cada día. Todo es una siembra y de eso depende lo que vamos a cosechar, leamos: “Estimada es a los ojos de Jehová La muerte de sus santos” (Sal. 116:15). Lee bien: “la muerte de sus santos”, de los que, apartados de este mundo y sus vanidades, hemos comprendido que mientras estemos en este cuerpo, debemos de vivir para aquel que dio también su vida por nosotros. Leamos: “…y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Co. 5:15).

Vale la pena mis amados hermanos. No te dejes seducir por el engaño de Satanás, ya que al mismo Señor Jesucristo le ofreció todo el mundo y sus glorias, leamos: “Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos. Respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás” (Lc. 4:5-8).

Satanás sigue repartiendo a diestra y a siniestra: poderes, glorias y riquezas terrenales, para que el hombre en su debilidad y pasión se entregue a ello, perdiendo lo más valioso que es su alma. Leamos: “Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Mt. 16:26). Es hora de detenernos y reflexionar profundamente. El tiempo de partir de esta tierra puede ser en cualquier momento. Lo importante es vivir para amar, para servir, para obedecer, para darlo todo, en beneficio de los demás; y eso dará paz a nuestra alma.

Sé que la partida de un ser querido provoca sentimientos encontrados. Pero deseamos que Dios, por medio de su Santo Espíritu, consuele y aliente nuestro corazón con estas palabras: “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero” (1 Tes. 4:13-16).

Guardemos viva la esperanza que nos da la palabra de Dios. Que el Señor les bendiga. Amén y Amén.