“Desafiando la duda”

24 julio, 2026

Para alcanzar las promesas de Dios y la salvación, tenemos que enfrentarnos a diferentes obstáculos que se presentan en el camino. Uno de ellos es la duda. La palabra desafiar también significa afrontar las dificultades. La antítesis de la duda es actuar con determinación. En una ocasión, Pedro expresó: “¡Señor, sálvame!” Pues no quería rendirse ante los obstáculos. La palabra nos habla sobre esta experiencia.

Leamos: “Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento” (Mt. 14:28-32).

Pedro sí caminó sobre las aguas. Pero cuando comenzó a hundirse buscó la ayuda de Jesús y en seguida el Señor le ayudó y subieron a la barca. Es importante para poder desafiar tormentas, dificultades, enfermedades, etc., estar seguros de quién está de nuestro lado, para no rendirnos ante los gigantes que quieren devorarnos y hacernos dudar de la ayuda que Dios nos da.

Veamos algunos ejemplos que nos ayudarán a estimular nuestra fe en Dios. Leamos sobre David: “Y el filisteo venía andando y acercándose a David, y su escudero delante de él. Y cuando el filisteo miró y vio a David, le tuvo en poco; porque era muchacho, y rubio, y de hermoso parecer. Y dijo el filisteo a David: ¿Soy yo perro, para que vengas a mí con palos? Y maldijo a David por sus dioses. Dijo luego el filisteo a David: Ven a mí, y daré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo” (1 S. 17:41-44).

Estas palabras estaban llenas de veneno tóxico y ponzoña para hacer dudar a cualquiera. ¿Qué hubieras hecho tú, en lugar de David? Pero la certeza de aquel muchacho, se dejó ver claramente en los versículos 45 y 46. Esto también se confirma cuando leemos: “Y daré por respuesta a mi avergonzador, Que en tu palabra he confiado” (Sal. 119:42). Los ataques de Satanás van dirigidos a nuestra mente, para hacer dudar a muchos hasta el día de hoy. ¡Por eso tenemos que fortalecernos en Dios!

Otro ejemplo, es en la misión de los doce espías para reconocer Canaán. El diablo influyó en diez de ellos, quienes eran príncipes del pueblo. Y al regresar, dijeron: “sus ciudades son fortificadas; ellos son más fuerte que nosotros; es tierra que traga a sus moradores; éramos como langostas delante de ellos”. En sus expresiones se puede percibir la derrota que vivían al ser víctimas de la duda. Y lo más terrible fue la contaminación que trasladaron al pueblo, por su falta de fe en Dios.

Pero Josué y Caleb, hombres de Dios que desafiaron la duda que los diez espías habían introducido en el pueblo, se expresaron de esta manera: “…no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis (no duden)(Nm. 14:9).

Para poder llegar a la tierra prometida y alcanzar la bendición de Dios, tuvieron que pasar cuarenta años; «pero llegaron» puesta su confianza en Dios. No tenemos ni idea de lo que tuvieron qué hacer durante esos cuarenta años. Pero hoy nos toca a nosotros, la iglesia de Jesucristo; tenemos que llegar a la meta con la ayuda de nuestro Señor. Todos aquellos grandes hombres de Dios que hoy conocemos a través de la palabra, tuvieron que atravesar grandes dificultades, desafiando las dudas que llegaron a su mente.

Otro caso es José, cuando estuvo en la cárcel por más de dos años. En esos momentos de soledad, lejos de su familia y sin nadie por él, aparentemente, tuvo grandes luchas y dudas que llegaron a su mente. En una oportunidad, le pidió al copero del rey que se recordara de él cuando estuviera libre. Y al copero se le olvidó. Pero Dios lo sacó de una manera extraordinaria (léase Génesis 41). Otro ejemplo es Moisés, luego de haber renunciado a todas las riquezas y las vanaglorias de Egipto. Después de la opulencia lo perdió todo, materialmente hablando. Pero la palabra dice que: “…se sostuvo como viendo al Invisible” (He. 11:27).

También tenemos a Juan el Bautista. Por un momento dudó, después de haber expresado: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn. 1:30). Estando en la cárcel, Jesús reafirmó la fe de Juan el Bautista (léase Lucas 7:22-23). Y por último Job, un gran hombre de Dios. Su esposa le dice: “maldice a Dios y muérete”, en medio de esa gran prueba, después de haber perdido todo y estar enfermo. Pero Job expresa palabras de fe, al decir: “Yo sé que mi Redentor vive (…) Y después de deshecha esta mi piel, En mi carne he de ver a Dios; Al cual veré por mí mismo, Y mis ojos lo verán, y no otro, Aunque mi corazón desfallece dentro de mí” (Job 19: 25-27).

No cabe duda que a lo largo de la historia de los hijos de Dios, Satanás siempre ha querido desestabilizar esa confianza en el Señor. Por eso la palabra nos exhorta a combatir ardientemente por la fe. Amados hermanos, no hay excusas. Que Dios nos ayude. Amén.