“Grato olor de Cristo”

26 junio, 2026

“Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden; a estos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquellos olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?” (2 Co. 2:14-16).

Llama poderosamente la atención esta metáfora que utilizó el apóstol Pablo. Era muy fácil de entender en su época, ya que al regresar los soldados romanos victoriosos después de una batalla, desfilaban por las calles quemando incienso, perfumado, para su triunfo. Las batallas espirituales que libramos como hijos de Dios, tienen que dejarse ver a través de nuestra forma de vida.

Leamos: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Ef. 6:12). Esta batalla encarnizada se libra a diario a través de Jesús o con Jesús. Y tenemos que ser siempre victoriosos, así como lo fue nuestro Señor Jesucristo.

Cuando el apóstol Pablo escribe sobre el Dios de los ejércitos, el Rey de reyes y Señor de señores, dice así: “…y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Col. 2:15). En este mismo sentir, el apóstol Juan nos transmite lo siguiente: “Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno…” (1 Jn. 2:13).

Ahora, regresemos al sentimiento original de nuestro estudio. No hay razón para llevar una vida de derrotas. No hay razón para llevar una vida pusilánime. No hay razón para llevar una vida de desmotivaciones, porque en Cristo Jesús somos más que vencedores. Leamos; “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos…” (Ap. 12:11-12).

El triunfo de los hijos de Dios sobre la bestia, que simboliza este sistema corrupto, también se celebra en el cielo. Nuestra estadía en este mundo está bien definida de parte de Dios. Nuestra función es llevar a todo lugar, el grato olor de su conocimiento.

Tenemos un ejemplo maravilloso de lo que sucedió con los apóstoles, leamos: “… ¿No os mandamos estrictamente que no enseñaseis en ese nombre? Y ahora habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de ese hombre. Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch. 5.28-29).

Ese mismo compromiso lo tenemos hoy en nuestras manos. Iglesia, tenemos que llevar el grato olor de su conocimiento en nuestras familias, en nuestras comunidades, en las empresas, en las universidades y en todo lugar en donde Dios nos permite desempeñarnos. Dejando huella de nuestro amor a Dios, como una fragancia que queda a donde vayamos.

El apóstol Pablo lo transmite de esta manera: “Exhorta a los siervos a que se sujeten a sus amos, que agraden en todo, que no sean respondones; no defraudando, sino mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador” (Tit. 2:9-10). Con esta forma de vida seremos olor grato de Cristo en los que se salvan, porque así, muchos llegarán al conocimiento de la verdad para vida.

Olor de muerte

Esta metáfora que utilizó el apóstol Pablo, también aplica para los prisioneros cautivos. Ese mismo aroma, significaba que el desfile terminaría en su ejecución publica en el capitolio. Por lo tanto, para ellos era literalmente el “olor de muerte”. La presencia entonces, de los hijos de Dios en medio de este sistema corrupto, se vuelve muy incómoda para todos los que hacen lo malo, al recordarles que sí habrá un juicio y que sí habrá castigo.

Esto lo percibieron claramente aquellos dos endemoniados en su encuentro con Jesús, leamos: “Cuando llego a la otra orilla, a la tierra de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, feroces en gran manera, tanto que nadie podía pasar por aquel camino. Y clamaron diciendo: ¿Que tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo?” (Mt. 8:28-29).

Aquellos demonios, que poseían la vida de estos dos hombres, sintieron su ejecución antes de tiempo. Ya que Satanás y todos sus demonios saben que serán enviados al castigo eterno. De manera, que la vida de Jesús en nosotros lleva olor de muerte para los que se pierden.

Iglesia, debemos de estar bien definidos para que nuestra forma de vida deje huella delante de todos aquellos que no recibieron el amor de la verdad para ser salvos, para aquellos que hoy se burlan de tu fe. No debemos de desmotivarnos por esas amenazas.

Recordemos que por medio de nuestro buen testimonio, algunos percibirán el olor de vida y para otros será sólo el olor de muerte. Amados hermanos, permanezcamos firmes y sigamos adelante. Que Dios les bendiga. Amén.