Escapa De Esta Generación Maligna Y Perversa

6 enero, 2026

“Y deteniéndose él (Lot), los varones (ángeles) asieron de su mano, y de la mano de su mujer y de las manos de sus dos hijas, según la misericordia de Jehová para con él; y lo sacaron y lo pusieron fuera de la ciudad. Y cuando los hubieron llevado fuera, dijeron: Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas” (Gn. 19:16-17). Creo que ninguna persona que se identifique como cristiana, ignora la historia bíblica de Sodoma y Gomorra.

Es una narración terrible de cómo dos grandes ciudades antiguas, fueron testigos del tremendo juicio de Dios. Y esto, por la grandísima corrupción, maldad, promiscuidad, homosexualismo, lesbianismo, idolatría, perversidad, etc., que predominaba en todos los habitantes de estas urbes.  Dios permitió que Lot, pariente de Abraham, se fuera a vivir a este lugar.

El apóstol Pedro dice de él: “…y libró al justo Lot, abrumado por la nefanda (esto significa: una cosa que causa repugnancia u horror hablar de ella) conducta de los malvados (porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos), sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio…” (2 P. 2:7-9).

Qué importante es que los creyentes modernos, los que estamos viviendo los tiempos finales profetizados y advertidos por el mismo Señor Jesucristo, pongamos muchísima atención a este ejemplo del justo juicio de Dios contra los que pecan. Aquellas ciudades recibieron el mensaje de Dios por medio de Lot. Este justo vivía piadosamente y en santidad, en medio de la corrupción que lo rodeaba. Así que no tenían excusa.

Conocían la verdad de Dios y, en lugar de escucharlo y obedecer su palabra, perecieron en su propia perdición. Ya que tenían por delicia el gozar de los deleites de la carne cada día. Tenían los ojos llenos de inmoralidad, de pornografía, de adulterio, de fornicación. No se avergonzaban de sus maldades, sino todo lo contrario, hasta se recreaban y regocijaban en ellas.

Eran tales que, en su ambición de pecar, seducían a las almas inconstantes o inestables. En nuestra actualidad, son aquellos que están en la iglesia, pero que tristemente no se afirman en los caminos de Dios. Sí, son almas inconstantes. Oyen, y oyen sin entender. Tienen ojos, pero no miran; y su corazón está endurecido por Satanás.

Mis amados hermanos, que no nos engañe el diablo. Porque: «Dios no perdonó a los ángeles que pecaron». ¿Estás leyendo bien? Sí, a los ángeles que pecaron y que estaban en su presencia, Dios los arrojó a prisiones de oscuridad. «Y tampoco perdonó a los habitantes antediluvianos» que había sobre la tierra en la época de Noé, al cual se le llama: «pregonero de justicia».

Porque durante el tiempo que tardó Noé en construir el arca, que fueron más o menos entre setenta y cinco a cien años, no dejó de anunciar la misericordia de Dios y de advertir el castigo que estaba por caer sobre la tierra, a causa de la maldad de sus moradores. Los pensamientos de ellos eran de continuo al mal, pervirtieron sus caminos y la tierra se llenó de violencia. Dios se arrepintió de haber creado al hombre que, con su pecado, produjo una profunda contaminación sobre las bestias, reptiles, aves, etc. Dios no perdonó a nadie, excepto a Noé y su familia, que fueron en total ocho personas.

Hermano, para ti es este mensaje exhortativo y para todos los que tengan oídos para oír. Estás rodeado de un mundo que te ofrece todo eso que precipitó el juicio de Dios sobre los ángeles del cielo, sobre la generación antediluviana, la generación de Sodoma y Gomorra y la generación del fin. ¿Y piensas que escaparás de ese justo juicio de Dios, habiendo menospreciado la gracia de Dios derramada a través de nuestro Señor y Salvador Jesucristo?

Corremos el riesgo de ser como los que describe el apóstol Judas, leamos: “…como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquellos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas, por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno(Jud. 1:7). Lo lamentable es que, a pesar de estos ejemplos históricos reales, muchos creyentes, tanto jóvenes como adultos en nuestros días, rechazan la autoridad y se corrompen como animales irracionales (léase verso 10).

Son unos verdaderos soñadores que creen que en Dios y en su reino hay impunidad; y que, a pesar de sus pecados, serán recibidos por Cristo Jesús en su reino. Estos son verdaderas manchas en nuestras reuniones espirituales, quienes sin temor comen sin ninguna vergüenza entre nosotros, aparentando estar en paz con Dios, pero su corazón está lejos de él.

Mi amado hermano, tienes que parar esta locura y pedirle a Dios que abra tus ojos espirituales; y presentar delante de Dios ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas, para que él te libre de semejante final. Sigamos leyendo en el mismo pasaje: “Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna” (Vs. 20-21).

Si Dios te ha hablado, humíllate ante su presencia y alcanza el perdón de tus pecados. No seas de los que recibirán el fuego de la condenación, sino de los que reciban el premio de la salvación y vida eterna.

Mi oración es en favor tuyo, mi querido hermano. Que Dios les bendiga. Amén.